Senegal 2007

1 05 2008

Este blog fue creado ayer, pero algunos de los textos fueron escritos hace unos años. Éste, por ejemplo, es el cuaderno de viaje que escribí a mano durante mi primer viaje a Senegal, en marzo del año pasado. Espero que les resulte ameno.

La Llegada a Dakar – 13 de Marzo de 2007

Hoy comenzamos nuestro viaje a África, nuestro esperado encuentro con Senegal. Hasta ahora han sido días de ilusión y esperanza, que por fin parecen llegar a buen puerto. Antes de verme sentado en este asiento de avión hemos tenido meses de intensa alegría y una semana previa frenética, con pruebas, mediciones, ajustes y un cierto grado de improvisación.

El proyecto que nos trae aquí consiste en grabar un vídeo institucional sobre un proyecto de cooperación internacional que está realizando la Fundación Universitaria de Las Palmas a través de una Cátedra UNESCO de Sistemas Locales de Salud. Dos personas coordinan este proyecto; una de ellas es Fran, quien lleva más de diez años trabajando en proyectos de ayuda al desarrollo tanto en el sur de América como en África. La otra persona, responsable ultima de este proyecto y directora del mismo, es Pepi. Es profesora de la universidad, y está compaginando su trabajo docente con este proyecto. También nos acompaña Karin, que hará de traductora, colaboradora y asesora. Por último, y no por ello menos importante viene, Tony, mi socio y amigo, quien es el responsable de que yo esté aquí. Juntos rodaremos un vídeo-documental.

La idea consiste en apoyar la actividad de un una federación de mujeres productoras, quienes han organizado un banco de micro-créditos. Según ellas mismas, son unas 35.000 mujeres organizadas por pequeñas asociaciones y unidas en una federación: Feprodes, con sede en Saint Louis, al noroeste del país. Varios son los objetivos que se plantea este proyecto de cooperación internacional. Por un lado se trata de equipar un aula de informática donde las mujeres de Feprodes puedan disponer de algunas de las nuevas tecnologías de la información que permita mejorar su organización. Por otro lado Pepi acude para realizar grupos de trabajo exclusivamente femeninos, con el objetivo de poder identificar sus problemas cotidianos y aportar las experiencias comunes que permitan disponer a esta federación de herramientas útiles para mejorar la situación de la mujer en Senegal. Al parecer no es común, según me cuentan, encontrar organizaciones locales que funcionen con transparencia, y ese es uno de los requisitos fundamentales que impone la AECI (Agencia Española de Cooperación Internacional) para aportar la financiación. Otro requisito es actuar en las zonas donde la propia AECI determina que se juegan más intereses para España. No conviene olvidar que Saint Louis ha sido punto de partida de embarcaciones hacia las Islas Canarias, y sigue jugando un papel importante. Las extradiciones de inmigrantes afecta de manera significativa a esta zona, y ya se han producido disturbios con respecto a esta cuestión.

Uno de los aspectos que contempla el proyecto es destinar una pequeña partida presupuestaria para la divulgación y sensibilización de las acciones realizadas. Dentro de esa área es donde se incluye nuestra labor, una cantidad que en un principio solo estaba otorgada a una persona, mi compañero, quien decidió incluirme a mí con el fin de poder realizar un mejor trabajo, o eso dijo. Sean cuales sean las motivaciones para mí esto es un sueño hecho realidad, porque pocos son los momentos en la vida donde un amigo te llama y te dice: ¿te apetece venirte a Senegal a trabajar?

Nuestro material de trabajo es bastante precario. Disponemos de dos cámaras MiniDV para realizar las grabaciones. De las dos solo una ofrece garantías de una mínima calidad de imagen. La segunda está más de adorno que otra cosa, aunque puede venir bien para las entrevistas y para cuando haya que dividirse. Esperemos que este handicap no sea escollo demasiado grande y podamos contrarrestarlo con la ilusión que llevamos encima. La experiencia tampoco es mi punto fuerte, pero en este caso confío en Tony y su criterio visual para poder realizar un buen trabajo. Llevamos también dos MiniDisk para la grabación de sonido y tres micrófonos, de los cuales dos son para las entrevistas, es decir, de los que se enganchan en la solapa. La verdad es que suenan bastante bien. Sinceramente, me preocupa mucho más la imagen.

Antes de subir al avión hay que cruzar un control policial. Se pregunta a cada inmigrante por su llegada al país. Muchos titubeaban y afirmaban haber entrado a la Unión Europea a través de Portugal, Italia o Francia. Los policías nacionales, muy mal educados tanto por el tono de su voz como por la mofa de sus respuestas, cuestionaban cada argumento expuesto por los presentes. Algunos pasaportes contenían irregularidades a simple vista, pero para mi ingenua sorpresa siempre los dejaban pasar. Está claro que para las autoridades el problema es la presencia de estas personas en si, y no el tráfico ordenado de personas por el mundo. No estiman esfuerzo en impedir a toda costa la entrada de inmigrantes guardando un escrupuloso celo en los procedimientos y escudándose en la más mínima y absurda falta para denegar visados o permisos de estancia, pero sin embargo no dudan en saltarse esos mismos procedimientos para los casos en los que en vez de entrar lo que se pretende es salir. Un ejemplo más de un mundo separado por fronteras que se abren a los ricos y se cierran a los pobres. También un ejemplo más de como personas sin la preparación adecuada realizan funciones que implican llevar armas, pero no saber tratar con decencia y respeto a las personas; perturbadoras paradojas de la vida.

El viaje me ha servido para leerme algunas reseñas históricas de nuestro destino. Como casi todas las demás regiones del mundo, la guerra ha marcado la historia de Senegal; eso o que siempre es la más profunda cicatriz, escrita en las crónicas históricas que reconstruyen y reinterpretan el pasado. Los grandes imperios, las rutas comerciales y la religión son las tres grandes áreas que han articulado el pasado de esta región africana. Hasta tres grandes imperios han tenido gran influencia en la zona: El Imperio de Ghana [750-1068], el Imperio de Mali [1235-1546] y el Imperio Shonghai [1400 - 1591]. Éste último se independizo en el periodo de decadencia del Imperio de Mali.

La historia reciente, sin embargo, está marcada por el colonialismo y su impacto en el continente, en este caso, y para desgracia de sus afectados, hablamos de impacto francés. Antes de la llegada de los franceses, en los siglos XII y XIV, el área estuvo bajo la influencia de los imperios mandingas del Este. El Imperio Jolof (wolof) de Senegal también fue fundado durante este tiempo. En el siglo XVI, el imperio Jolof se dividió en cuatro reinos competidores: los Jolof, Waalo, Cayor y Baol. Varias potencias europeas (Portugal, los Países Bajos y Inglaterra) compitieron por el comercio en la área desde el siglo XV, hasta que en 1677, Francia se asienta en la isla de Gorée, cercana a Dakar. Había sido y siguió siendo un mercado de esclavos. Fue sólo en los años 1850 que los franceses, bajo el gobernador Louis Faidherbe, comenzaron a expandirse en el propio territorio senegalés.

Al igual que el resto de países africanos, este proceso articuló un mundo nacido de la revolución industrial, y un desarrollo a golpe de bayoneta. Nuestro destino, Saint Louis, fue la primera capital colonial de Senegal, pero finalmente se optó por trasladarla a Dakar porque ésta ofrecía mejores perspectivas para el atraque de buques mercantes. Resulta que la costa de Senegal, repleta de playas, es de difícil fondeo, como bien aprendieron los barcos negreros y mejor supieron resolver los franceses. No quiero parecer disgustado con el pueblo francés. Soy el primero en reconocer la responsabilidad de cada uno en los saqueos y expolios que miles de pueblos han vivido de mano del acero y en nombre del progreso. Los españoles son responsables en sus distintas áreas, así como los ingleses, estadounidenses o chinos lo son en la suya, por poner algunos ejemplos, pero eso no quita que intente adoptar una posición crítica en la construcción y asentamiento de una economía post colonial de dominación de mercados.

También he tenido tiempo de leer sobre las distintas etnias que habitan el país de Senegal. Curiosa palabra la de etnia. Según el DRAE, etnia significa “comunidad humana definida por afinidades raciales, lingüísticas, culturales, etc.”. A continuación hablaré de los distintos grupos sociales que viven en Senegal, pero antes me hago una pregunta: Si etnia es un sistema para diferencias las distintas comunidades humanas en función de su afinidad racial, lingüística o cultural, ¿Yo a cuál pertenezco?.

Senegal es un país donde la inmensa mayoría de su población es de raza negra. Éstos a su vez están divididos en distintas etnias Además se pueden encontrar comunidades de raíces bereberes y árabes, además de reducidos grupos de procedencia europea, principalmente franceses. Dentro del grupo mayoritario encontramos grandes comunidades de Wolof, Peuls y Seresés. En menor número se viven Diolas, Dalinkés y Soninkés, además de otros menos numerosos. La mayoría son Wolof, y la zona de Saint Louis es una de sus áreas de influencia.

Con respecto a la religión, Senegal es un país mayoritariamente musulmán. Nueve de cada diez senegalesas profesan la religión del profeta Mohhamed (Mahoma), aunque en esta zona su interpretación difiere de versiones más puritanas. Es un país muy influenciado por la expansión del Islam por el Sahara, y concieron de primera mano la visión estricta de los almorávides y los almohades. Principalmente de los primeros, cuyo imperio se extemdió desde Senegal hasta el Al-Andalus. Por otro lado pervive la implantación colonialista del catolicismo a través de la presencia francesa, y también perduran ritos animistas, sobretodo por las regiones más cercanas a Mali. Para finalizar esta introducción a Senegal, comenrtar que el país colinda con Mauritania en el norte, con Guinea-Conatry y Guinea-Bissau al sur, y con Mali al este. Gambia se encuentra en su interior, otorgando al mapa político del país forma de herradura.

Tras un viaje de dos horas y media aterrizamos en Dakar. La llegada es, como se podía esperar, un poco caótica. No tenemos problemas con las maletas, pero un gran número de buscavidas se agolpan a las puertas del aeropuerto para ofrecer sus servicios, ya sean de transportes o de carga-maletas. Al final, tras un poco de jaleo inicial, conseguimos encontrar a Moctar, el enlace de Fran en Senegal. Cuando ellos viajan aquí trabaja de nexo para cualquier necesidad que se plantee. Es un hombre alto, de pelo negro y unos cuarenta años de edad. Como no cabemos todos en un solo coche una parte del grupo se va en taxi, mientras que Karin y yo vamos con Moctar en su coche. El aeropuerto no se encuentra muy lejos del centro de Dakar, aunque el hecho de que sea ya tarde, me informan, facilita el transporte. De día, al parecer, es otra cosa. A mitad de trayecto Moctar recibe una llamada; el taxi ha fallado y se ha quedado tirado en el camino. Regresamos y conseguimos, empujando, encender de nuevo el coche. Tony y yo nos quedamos en el taxi mientras que los demás van con Moctar.

Pensaba que me iba a quedar en casa de Moctar, o eso me habían dicho en Las Palmas, pero al final compartiré habitación con Tony y será Fran, muy a su pesar, quien duerma en casa de Moctar. El hotel es el típico hotel para occidentales, que en este caso, y pese a no parecerme gran cosa con respecto a otros del estilo, resulta uno de los más lujosos de Dakar. Las habitaciones asépticas y los pasillos monótonos pueblan este diseño universal del la presencia occidental.

Ahora estoy en la cama, escribiendo estas primeras líneas de un cuaderno que sospecho me va a costar una barbaridad escribir. Mañana más.

Primer día en Senegal – 14 de marzo de 2007

Nuestro primer día en Dakar. Por la mañana hemos acudido Tony, Karin y yo de ruta por la ciudad con un guía motorizado contratado por Moctar para la ocasión. No sabemos muy bien a dónde ir, simplemente buscamos buenos planos para poder empezar a grabar recursos audiovisuales. Sin un rumbo previo hemos dejado que el guía decidiera el camino. En medio de un feroz tráfico salimos del centro de Dakar y nos dirigimos hacia un mercado de pescado situado al borde de una playa inundada de algas y cabezas de pescado. La playa ha sido la primera localización de rodaje que hemos tenido. Está repleta de gente que compra y vende pescado, mientras unos cayucos son descargados a unos pocos metros de la costa. Pequeños riachuelos de agua contaminada bajan por la arena hasta el mar, y un fuertísimo olor a pescado y algas lo inunda todo. El sol apenas sobrepasaa el mediodía.

Después de la visita al mercado de pescado acudimos a un mercado general. Las espantosas condiciones higiénicas resultan un poco chocantes. Recuerdo viajes anteriores a Marruecos, pero sinceramente, no tiene casi nada que ver. Los alimentos, tanto en éste último con en el de pescado, se transportan y mantienen en una situación bastante precaria. Al lado del mercado se ven zanjas convertidas en canales de porquería que sirven de alcantarillado precario para llevarse la mierda de todo el sitio. Los plásticos se amontonan por todos lados y las obras a medias abundan en el paisaje. Muchos niños cargan pesados carros o baldes en sus cabezas. Nadie parece molestarse por las grabaciones que hacemos, ni nos muestran enfado alguno. La gente es animada y bulliciosa; te miran con curiosidad, pero no veo desconfianza en sus ojos. El paisaje urbano convive entre casas de una o dos plantas, la mitad sin pintar, y la otra con colores completamente desgastados. La arena de las calles que levantan las personas y sus transportes lo cubre todo.

Al lado del mercado el guía nos lleva hasta su casa, como no le dimos indicaciones, nos llevó al lugar que conocía más. Nos invita a pasar y nos presenta a un gran número de mujeres que habitan el interior. En la azotea del lugar grabamos imágenes y sonidos, y posteriormente intentamos hacerle una entrevista al guía, sin grandes resultados. Tras salir de la casa acudimos a una de las tiendas del padre del guía, que según las palabras de su hijo, es un próspero comerciante. En la tienda pruebo el primer té senegalés de mi vida, y lo encuentro bastante bueno; es de color negro y tiene mucha azúcar.

Ha sido una media jornada emocionante e instructiva. Empiezo a comprender una de las razones por la que la esperanza de vida en este país apenas sobrepasa el medio siglo de vida. Las condiciones sanitarias e higiénicas son caldo de cultivo para bacterias y virus, que provocan infecciones y brotes de enfermedades muy difíciles de combatir con escasos medios y personal médico. Sin duda existen muchos tipos de enfermedades, pero la verdadera raíz de todas es la pobreza; quizás no es una enfermedad en la definición tradicional, pero sin embargo creo que es el verdadero caldo de cultivo para las definiciones que sí acepta el diccionario. Me siento mal por sentir emoción al caminar por un mundo con unas condiciones de vida tan distintas, sospecho que un halo de exotismo banal me recorre y espero que esto que estamos viviendo me sirva para comprender mejor un mundo demasiado injusto como para no importarme. A la vuelta el motor del coche del guía comienza a soltar humo, que no es otra cosa que vapor de agua. Tras unos minutos estamos de nuevo en marcha, de regreso al hotel.

Por la tarde hemos descansado un rato después de comer muy tarde. Una gran ventolera llega a la ciudad mientras el sol decae. Me duermo durante unas horas. Ya de noche, y gracias a un contacto de Pepi, hemos podido acudir a un concierto en directo. Fue en el Centro Cultural Francés de Dakar, y para nuestra desgracia llegamos con la actuación ya comenzada. La cantante era de Costa de Marfil, los instrumentistas toubabs (blancos), la percusionista, segunda voz y bailarina no sé, y su música, al parecer, senegalesa. Entre cantos y bailes intensos, llenos de energía contenida que explotaba durante intensos instantes, pasamos la noche. Fue una experiencia muy agradable, llena de vitalidad y magia.

Cenamos en el mismo Centro Cultural Francés, al lado del grupo que acabábamos de escuchar, y con Lucía, una chica de Gran Canaria que lleva trabajando para una empresa española casi dos años aquí en Dakar, y que por otro lado es el “contacto” que avisó del concierto. Ahora me encuentro en el hotel, listo para dormir. Mañana partimos hacia Saint Louis, aunque antes tendremos la posibilidad de visitar un orfanato en Dakar, o eso esperamos, en fin, ya se verá.

El viaje a Saint Louis – 15 de marzo de 2007

Hoy nos hemos despertado con la intención de ir a un orfanato a primera hora, para así poder salir hacia Saint Louis al mediodía, pero parece que los tiempos aquí tienen su propio ritmo, y nunca se sabe qué harás hasta media hora antes, si es que tienes esa suerte. Tras esperar durante algunas horas por fin salimos Tony, Karin y yo en coche hacia allá. Intentamos llegar al orfanato donde ya se encuentran Pepi y Fran, pero tras media hora no hay manera de dar con ellos; tras una larga espera rodeados de cientos de niños con uniforme escolar (debe ser la hora de salida del colegio) por fin aparece una persona para indicarnos el lugar. Se encuentra no relativamente lejos del centro de Dakar y su aspecto es de colegio de primaria, con su correspondiente patio central de arena.

Dentro del orfanato nos enteramos que pisamos el único centro público de atención a la infancia de todo el país. Su actividad consiste en ser un “centro de escucha”: un sitio donde los niños pueden acudir en caso de urgente necesidad y ser escuchados para poder contar los abusos a los que han sido sometidos. También tienen una pequeña enfermería donde limpian las heridas y aplican desinfectantes. Varias personas nos acompañan en todo momento, mostrándonos los distintos espacios del centro. Nos enseñan aulas de formación, donde se enseña a los niños cocina, costura para la artesanía y habilidades similares. Las aulas están llenas de niños, principalmente niñas, que miran con timidez las cámaras y hablan entre ellas. Todos los niños del mundo se parecen, o esa es mi impresión. Se parecen en sus formas y en el fondo, y sin embargo son las experiencias las que nos hacen tan distintos; es la cultura la que nos determina como adultos.

En uno de los momentos de la visita logro quedarme solo y pasear por el centro. A un lado se observa una enorme zanja con todo el caudal de residuos de la zona. Su olor es penetrante, mientras a su lado se seca al sol ropa tendida. De vuelta al grupo me comentan que la asistencia sanitaria que reciben los niños es algo que hacen por puro altruismo, o eso creo entender. La estancia en este centro que visitamos es temporal. Lo normal es que no pase de dos semanas. Los responsables del mismo tratan de localizar a los familiares o algún responsable del menor, no siempre con buenos resultados.

Me cuesta el idioma. Tiendo a entender bastante bien lo que me cuentan, pero encuentro graves problemas cuando soy yo el que tiene que expresarse. Llevo estudiando el idioma un año y poco, sin muchos resultados, pero acá he encontrado una nueva motivación, una función que me resulta mucho más interesante que desenvolverme en Francia. No era plenamente consciente de las posibilidades que se me abren si domino una lengua que hablan en muchos países de África, concretamente aquellos dominados por los franceses o los belgas. Ahora lo sé, y espero tomar medidas para remediar mis problemas de comunicación con el maldito francés, que tan lindo suena.

Al parecer, y mis ojos hasta ahora lo corroboran, Senegal está lleno de niños por todas partes. De todos ellos un gran numero son los denominados “niños de la calle”. Son menores que piden limosna y duermen en la calle. Los puedes ver en todos los sitios. Dentro de este sector encontramos dos tipos principales de “enfant de la rue”: los talibés y los verdaderos niños de la calle.

Primero hablaré de los talibés, los alumnos de los marabús. Para entender este concepto tenemos que irnos al significado de morabito. El diccionario los considera equivalentes a los ermitaños cristianos, pero más bien tiene que ver con personas dedicadas a la vida religiosa, hombres formados en el Islam y que pregonan de diversas maneras la fe islámica. En Senegal existen distintas interpretaciones del Islam. Son las denominadas “cofradias”. Las más importantes son los Xaadir (Qadiriyya), los Mourides, los Tidjanes (Tivaouane) y los Layenes. Los wolof son principalmente mourides, y constituyen una de las cofradías más importantes. Sus discípulos son los denominados talibés . Su centro religioso se encuentra en Touba (cerca de Saint Louis) donde está una de las más grandes mezquitas de África, y su fundador es el morabito (marabú) Ahmadou Bamba (1853-1927).

Los marabús son figuras religiosas de gran importancia en la vida de los senegaleses. Su respeto por parte de la población es muy intenso, y según me cuentan, si quieres poder en Senegal necesitas su aprobación. Los marabús buscan a los niños de la calle, los incorporan a sus “escuelas coránicas”, es decir, cualquier lugar donde se pueda reagrupar a un grupo de niños y enseñarles el Corán y las santas palabras de Touba, el gran marabú, guía de todos. Su figura es sagrada y admirada profundamente por la población musulmana. Los talibés reciben educación religiosa y comida por parte del marabú, y durante el resto del tiempo piden limosna por las calles, dinero que posteriormente entregan al marabú. Esta recaudación es destinada, en teoría, a la manutención de los talibés y del propio marabú, quien no recibe dinero ajeno a la mendicidad islámica.

El segundo grupo, y en este caso mucho más desprotegido, es el de los verdaderos niños de la calle. Son menores perdidos en el éxodo entre el campo y la ciudad, abandonados por sus familias al no tener capacidad de mantenerlo o fugados de sus propias casas al no poder aguantar las condiciones personales. Estos niños piden limosna para sobrevivir, y no tienen nada. Son la capa más baja de una sociedad donde la experiencia es un valor fundamental, y eso sitúa a estas edades en un escalafón muy bajo. De todas formas lo normal es que los marabús encuentren a los niños de la calle y los integren en su grupo de talibés.

Tras unas horas de espera por fin salimos hacia Saint Louis. Al final hemos arrancado a las seis de la tarde, solo seis horas después de lo planificado. La pena es que no podremos contemplar el paisaje que hay entre Dakar y Saint Louis. La capital de Senegal se encuentra más o menos en la mitad del país en su franja costera, justo al norte de Gambia; Saint Louis está al norte, cerca de la frontera con Mauritania. El viaje, me cuentan, dura seis horas, pero no es que la distancia sea tanta. El problema es la salida de Dakar, que es un colapso de coches. Llegamos a la estación de taxis colectivos, y Moctar negocia con el chofer. Alquilamos uno entero para Pepi, Karin, Tony y yo (normalmente van siete personas). Fran se queda con Moctar en Dakar y subirán mañana. El taxista seleccionado parece ser un musulmán de los de verdad. Yo tardo en darme cuenta, pero se siente profundamente ofendido porque Pepi se haya sentado delante. No se comunica con nosotros, y continuamente va recitando versos del Corán. En la primera parada se baja del coche para rezar. Me parece bien que lo haga, pero al menos podría tener la educación de decirlo, sobretodo por el hecho de que no nos conocemos y me lleva en su coche por un país desconocido para mí. El viaje continúa y el conductor ya pasa completamente de los intentos de Pepi por decirle cosas, por ejemplo, parar para tomar un café.

A mitad de camino decide detenerse de nuevo a rezar, momento que aprovechamos para tomar un café. Mi despiste fue tal que al final acabé echándome tierra en el agua caliente. Fue la nota graciosa del día. De vuelta a la carretera pasé al asiento delantero, y a mí, supongo que porque soy hombre, sí parecía hacerme caso. Su desprecio hacia las mujeres era total, llegando al punto de escuchar como Karin me decía como decir algo en francés y hasta que no lo repetía yo no reaccionaba. Resultó un personaje bastante desagradable, que además como colofón empezó a cabecear cerca de nuestro destino, y ante la petición de que descansara un poco planteaba que no era seguro pararse por ahí. Finalmente llegamos a nuestro destino con Pepi cabreadísima y el conductor harto de nosotros.

La entrada de Saint Louis es bastante espectacular. Una gran carretera cruza las barriadas donde se asientan los grandes núcleos urbanos de la ciudad. Es a los lados de esa carretera donde se amontonan los llegados del éxodo rural. En mitad de la desembocadura del río Senegal está la isla de Saint Louis, que recuerda en su forma a la isla de Manhattan, pero más pequeña; a su lado la isla de Sor es el verdadero suelo de Saint Louis. Un gran puente diseñado por Eiffel, metálico y con arcos y columnas comunica Sor con Saint Louis. Dentro el paisaje cambia drásticamente con el del extrarradio. Los viejos edificios coloniales, decadentes pero llenos de encanto, marcan un paisaje de pasado lejano y reflejo de la presencia europea. Es ya noche cerrada, y las calles de la ciudad aparecen vacías.

Pepi y Karin se quedan en La Résidence, un pequeño hotel bastante curioso y acogedor. Tony y yo nos vamos a la que será nuestra estancia en los días que pasemos aquí. Es la casa donde viven Bani y Ángeles, las dos becarias voluntarias que trabajan para el proyecto y llevan mes y medio sobre el terreno. Sirven de nexo entre Las Palmas y las organizaciones sociales a las que Pepi y Fran siguen la pista. El lugar está muy bien. Tiene un patio central y tanto la cocina como el baño son comunes. Por suerte las dos niñas tiene baño propio, y está a nuestra entera disposición. La habitación está pintada de color blanco, consta de tres camas y un viejo ropero, y los techos son bastante altos. Supongo que para mantener el fresco de la noche y el calor del día. La habitación es bastante triste, pero el patio y el sitio me gustan bastante.

Primer día en Saint Louis – 17 de marzo de 2007

Hoy hemos podido disfrutar de un despertar bastante curioso. A las cinco de la mañana un imán, situado en cierta mezquita de cuya presencia no me había percatado, se dejó la voz llamando a los fieles en sucesivas ocasiones, mientras un gallo ofendido por semejante usurpación de funciones cacareaba sin cesar en un combate sonoro entre hombre y gallo. Tras este despertar un poco confuso fuimos a La Résidence para desayunar y organizar el día.

En un país donde casi la mitad de la población es menor de edad resulta fácil ver niños por todas partes. Te rodean por decenas cuando paseas por la ciudad, pidiéndote dinero o cualquier otra cosa. Hablo de cientos de niños. Hemos cruzado el puente y grabado por ambos lados. No es muy extenso, pero lo suficiente como para ofrecer una preciosa perspectiva de ambos lados: de la isla de Saint Louis y de la costa de Sor. Es un puente metálico de doble dirección con unas repisas de madera a los lados para el paso de andantes. A media mañana hemos acudido a la sede de Feprodes, en la isla de Sor. Se llega siguiendo en línea recta una gran calle principal que separa el extrarradio de la ciudad. Está a unos quince minutos y antes dejas a la derecha un mercado donde se vende de todo, desde electrónica hasta la cesta de la compra. Sobretodo se ve mucha ropa y repuestos mecánicos. Por las aceras se agolpan cientos de personas mientras que por la única carretera asfaltada pasan sin cesar los coches (la mayoría taxis), guaguas y carros. Cruzamos al lado de alguna farmacia, de instalaciones militares y de una comisaría. Continuamente se oyen a niños gritar la palabra “toubab” a nuestro paso. Más tarde me enteraré que significa “blanco”. Las condiciones de las calles son algo duras, pero se siente mucha vida y movimiento en este transitado camino.

La sede de Feprodes recuerda a cualquier construcción nueva de ciudad. Cemento y bloques levantan casas, y eso se hace en las islas y también en Senegal. Las instalaciones principales están en el piso de abajo; tiene un gran recibidor con un cuadro precioso de tonos rojos donde se ve a una mujer africana con muchas manos. Cada uno de sus brazos realiza tiene una herramienta que simboliza una función vital en la vida de los humanos. Son sustento de sus hijos y compañeros, pero sobretodo suelo de su continente. En el piso de arriba es donde se van a instalar los ordenadores, y las obras van bastante avanzadas. Desde una ventana se puede observar un enorme vertedero al paso de las vías férreas, con decenas de personas cruzando entre la basura mientras las cabras se alimentan. Feprodes está lleno de mujeres con preciosos vestidos que llegan hasta encima de los tobillos y nos miran con cierto grado de desconfianza; la misma que yo tendría cuando alguien con cámara de vídeo y de fotos se planta delante mía.

Para comer vamos a casa del profesor Faye. Es un hombre encantador de unos treinta y pico años de edad que vive junto a otros cuatro profesores en una casa dentro de la isla. Todos dan clases en uno de colegios de Saint Louis. Faye es profesor de francés; licenciado en filología francesa y doctorado en literatura francesa y africana. Comeremos todos los días en su casa, junto a Bani y Ángeles, las dos becarias que participan en el proyecto. Para el almuerzo nos juntamos todos a un lado del patio principal de la casa, donde una enorme bandeja con arroz, verduras y pescado preside la escena. En pequeños bancos nos agrupamos alrededor del plato y comemos conjuntamente, cada uno con la parte de la bandeja que le queda enfrente. Uno de ellos reparte trozos de verdura y pescado, que se amontona en el centro; es una de las facetas de la teranga senegalesa, que creo que significa hospitalidad. Las niñas, no obstante, nos comentan que todos los días comeremos lo mismo, así que nos sugieren que no nos hagamos muchas ilusiones con la variedad de la comida. Lo bueno es que cambian la receta. Estoy feliz porque hasta ahora no habíamos tenido la oportunidad de comer comida senegalesa, y esto garantiza una buena selección de platos tradicionales deliciosos.

Al atardecer hemos acudido a la azotea del hotel para hacer una toma de la ciudad. Hemos conocido también a dos amigos de Bani y Ángeles. Viven en la isla y se llaman Moussa y Touba. El primero es tranquilo y afable, mientras que el segundo es bastante más nervioso e impredecible. Nos cuentan que Touba ha vuelto hace poco de una peregrinación santa hacia la ciudad de Touba, lugar santo relacionado con el gran marabú Touba. Por la noche Pepi nos invita a todos a cenar en el hotel, y después nos vamos a descansar. Fran y Moktar al final no han podido subir hoy. Dedicamos los últimos minutos del día a organizarnos, y un poco preocupados por los mosquitos, nos echamos a dormir. Hasta ahora me doy cuenta que no lo había comentado, pero en Senegal existe la malaria. Tomamos una pastilla diaria que no garantiza la inmunidad, pero reduce las posibilidaes. Se llama Malarone, y es carísima.

Segundo día en Saint Louis – 17 de marzo de 2007

Tony y yo nos hemos levantado temprano para ir a grabar al otro lado de la isla. La otra orilla, llamada la Langue de Barberie, es el último trozo de tierra frente al Atlántico. Un pequeño puente separa la isla del barrio de los pescadores. Se pueden ver los clásicos cayucos que salen en las televisiones, pintadas con vivos y hermosos colores. Hay muchísimos, pero aquí se utilizan casi todas para la pesca. Solo algunos son preparados por sus tripulantes para hacerse a la mar y llegar hasta otras latitudes. Entre el barrio de pescadores y la isla hay un abismo de diferencia en el nivel de vida. Empiezo a comprender que lo que veo en la isla es solo un espejismo, no la dura realidad que se ve en las otras dos orillas.

Después de grabar en el río hemos recogido a Pepi y a Karin y junto a las becarias hemos acudido a un concurso de dictado infantil cuyo increíble premio para el mejor niño senegales que leyera francés consistía en una estancia en Canadá para estudiar. El gobierno de Canadá, y mucho me temo que el sector francófono, invierte dinero para fomentar su idioma compartido por el mundo. Supongo que es una manera de ganar dinero a largo plazo. El espectáculo, al que llegamos tarde, tiene el concurso propiamente dicho, pero no hemos llegado a tiempo. Sí vemos un espectáculo infantil de bailes y cantos. El evento se desarrolla en una enorme carpa con cientos de sillas repletas de niños traídos, según cuentan, de todo el país. No logro localizarla, pero parece ser que se encuentra entre nosotros la mujer del presidente Wade. Sé que Wade es octogenario, así que me pica la curiosidad por saber cuántos años tendrá su mujer, pero mi busqueda no da resultados y siento demasiada vergüenza para preguntar algo así. Tampoco sé si solo tiene una mujer. Tras una hora abandonamos el lugar y nos dirigimos a descansar a la habitación un rato. Hace bastante calor.

La casa donde estamos quedándonos está regentada por Asís, que es un hombre bajo ya algo viejo que va en chándal a todos lados, por lo menos a negocio sí. Al parecer siempre está por ahí, y se preocupa de que todo vaya bien, o al menos lo intenta. Las niñas le tienen mucho cariño. Es un sitio bastante tranquilo. En el patio hay unos cuantos gatos y tenemos a un gallo (el rival del imán) y una cabra en el tejado de los vecinos.

Por la tarde vamos a rodar por la ciudad mientras Pepi y Karin acuden a su primera sesión de trabajo con las mujeres de Feprodes. Los hombres tenemos la entrada vetada. En nuestra búsqueda de recursos audiovisuales empiezo a estar preocupado por la falta de material que estamos teniendo para llevar ya cuatro días en Senegal. Contemplo duras escenas por la calle de mendigos mutilados pidiendo ayuda o niños de cuatro años trabajando y llenos de suciedad de arriba abajo y no encuentro fuerzas para abrir la cámara y grabarles. Siento que les estoy robando intimidad, y no sé como afrontar el problema. Me pregunto cómo harán los cámaras que tiene que grabar este tipo de escenas, y como conseguirán, si es que lo consiguen, el consentimiento de los reflejados. No obstante empezamos a tener buen material de recursos, pero ninguna entrevista.
Por la noche finalmente llegan Fran y Moctar. Se quedan en el mismo hotel que Pepi y Karin. De nuevo nos invitan a cenar. Sabemos que no disponemos de muchas horas hasta que el imán nos saque a gritos de la cama, así que nos retiramos pronto.Mañana rodaremos nuestras dos primeras entrevistas.

Entrevista a los jefes – 18 de marzo de 2007

Hoy tenemos programadas dos entrevistas. Empezamos a primera hora con Fran, quien se desenvuelve bastante bien con las respuestas pese a su recelo inicial. Tardamos más de dos horas en acabar nuestra primera sesión de trabajo del día, mientras el sol que sale arrasa mi cogote y deja ciego al entrevistado. Estamos en la azotea del hotel, con la isla de Sor al este. Cuando acabamos nos lanzamos directamente a por la segunda entrevista, esta vez a la directora del proyecto. Pepi y Fran regresan mañana al mediodía.Para la segunda entrevista decidimos salir a la calle, y afrontamos las clásicos complicaciones de rodaje exterior, con cambios de luz y transeúntes que se acoplan a los planos. Algunos niños interrumpen la entrevista de vez en cuando, pero es normal, estás en su casa. Antes de acabar la entrevista nos quedamos sin batería, un error imprevisto, y nos quedamos con algunas preguntas en el tintero.

A media mañana ya hemos dado un buen salto con el vídeo-documental. Disponemos de variados recursos en imágenes y de un buena base para las entrevistas. Después de comer salimos disparados hacia Feprodes. Pepi y Karin, junto a las cooperantes, tiene la segunda y última reunión de trabajo. Durante el encuentro, nosotros acudimos a la azotea para realizar unas grabaciones de las calles colindantes con la sede de la federación. Grabamos un gran vertedero que habíamos visto desde una de las ventanas el día anterior, y a gente caminando. También hay unos niños que juegan al fútbol.

Después vamos junto a Moktar y Fran a la Langue de Barberie, que colinda con la isla de Saint Louis a través de un pequeño puente que une la isla con el barrio de los pescadores. En él las condiciones de vida bajan drásticamente en comparación con la isla; incluso diría que son peores que la zona de extrarradio de Saint Louis. Infinidad de cayucos se amontonan en la costa, y otros navegan cargados de pescadores. Algunos cercanos a la costa desembarcan el pescado, mientras que una larga fila de camiones observan la descarga. Esperan a que las mujeres limpien el pescado. Pienso que en Senegal las profesiones y trabajos suelen estar separados, en muchas ocasiones, por el sexo. Los hombres pescan, conducen y se dedican a la ganadería. Las mujeres se dedican a la agricultura, la cocina, la preparación del pescado (menos la pesca y descarga, todo lo demás pasa por sus manos), cuidan a los niños, mantienen los hogares, curten el cuero, trabajan la costura, etc. La las dos únicas actividades económicas comunes entre los dos sexos es la venta comercial (en los mercados ves tanto a hombres como mujeres de vendedores) y la mendicidad.

Un fuerte olor a pescado sumerge todo el ambiente del barrio, y las casas, de una sola planta, se amontonan alrededor del puente. Hacia el sur están las grandes playas, y una especie de complejos turísticos bastante precarios, pero que dejan ver un futuro no muy lejano de instalaciones turísticas para occidentales. Choca ver a los niños de todas las edades trabajando para ganar el sustento; la vida de la infancia por aquí es bastante dura. La basura lo rodea todo en el barrio de los pescadores, ya sean desechos de los propios pescados, o los plásticos que están por todas partes, tanto en Dakar como en Saint Louis y la carretera que une ambas.

En la playa hacemos unas grabaciones de un montón de basura ardiendo, imagen que se repite de vez en cuando. El ambiente de estos “complejos turísticos” es bastante precario. Tras nuestra estancia en la Langue de Barbarie volvemos a Feprodes, donde al parecer la reunión con las mujeres ha sido un éxito. Están bastante eufóricas aunque yo ando un poco cansado del día que llevamos. Con la ayuda de Karin, que hace de entrevistadora, realizamos entrevistas a unas cinco mujeres. Del ruido que se genera en la habitación no puedo oír las respuestas al formulario, pero espero que el sonido haya sido captado correctamente. Cuando finalizamos las entrevistas estamos muy satisfechos del trabajo realizado, y vemos como poco a poco el vídeo va cogiendo forma. Empezamos a tener buen material con el que trabajar a nuestro regreso. Por primera vez, empezamos a respirar tranquilos.

Ha sido un día muy largo, pero sobre todo tremendamente fructífero.

Reunión con Médicos del Mundo – 19 de marzo de 2007

Por la mañana, para variar, madrugamos. Tenemos un encuentro con Médicos del Mundo, con sede en Saint Louis, bastante cerca del edificio de Feprodes. Antes de salir me toca discutir con un tipo que me acusa de haberle sacado fotografías sin permiso. Lo que quiere en realidad es que vaya a su tienda y le compre algo. El grupo, no sé porqué razón, se pone nervioso, mientras despacho al personaje. No me incomoda pararme a hablar con la gente, aunque sus intenciones iniciales sean claras y bastante materialistas. De todas formas es una cuestión de paciencia. Mis dos viajes anteriores por Marruecos y este por Senegal me van acostumbrando a unas formas que aunque desde nuestra perspectiva europea parece muy molesta, acá no tiene porqué tener esas connotaciones negativas. Por lo general llega un momento en el que sonríen y comprenden que no van a conseguir sus objetivos iniciales, y es entonces cuando su curiosidad marca sus acciones, y no solo la necesidad de ganarse el pan cada día. Francamente, los senegaleses, en general, son gente muy simpática, aunque pesados hay, como en todos los sitios.

Me gusta pasear por las calles de Saint Louis, una ciudad que todavía no es lo suficientemente grande como para que la gente no se salude por la calle, que cruza vidas y sueños como en cualquier otro sitio, en busca de una vida más esperanzadora que la que nos toca. Todos distintos, todos iguales.

El edificio de Médicos del Mundo es una especie de chalet bastante bien dispuesto, y no está lejos de la sede de Feprodes. La zona donde se encuentra no está nada mal, un pequeño laberinto cuadricular de pequeñas calles de arena. Se entra por un pequeño jardín lleno de plantas hasta la primera habitación central. Tiene tres mesas con varias personas trabajando, todas senegalesas. También está Marie, una trabajadora de Médicos del Mundo que vive desde hace años en Senegal. El coordinador de todo es Marco, quien lleva tan solo un mes en el país y se encuentra en fase de adaptación. El encuentro resulta de lo más ameno; Marco parece un personaje muy interesante y Fran intenta conseguir buscar puentes de cooperación entre las dos organizaciones. Marco, aunque escéptico, se muestra encantado por intentar encontrar espacios comunes, aunque advierte del problema de falta de recursos humanos, y por tanto de tiempo. Además conseguimos concretar una entrevista para el miércoles y una salida a una sesión de información de SIDA que realizarán el martes. Es una gran noticia y tanto Tony como yo nos mostramos encantados y muy agradecidos.

Marco ha vivido muchos años trabajando para Médicos del Mundo en África. Sobretodo en Tanzania, aunque también ha estado en otros países como Angola. En esta zona francófona de África nos confiesa que se encuentra un poco perdido, aunque poco a poco se va adaptando. Nos cuenta que le sorprende mucho los precios de Senegal, mucho más elevados que los que había en Tanzania. Su mujer no termina de adaptarse a las costumbres senegalesas, que al parecer, resultan muy distintas a las suyas. Sus hijos, sin embargo, se integran sin problema. La labor de Médicos del Mundo acá es exclusivamente de tratamiento y prevención del SIDA. Trabajan junto a las organizaciones locales de salud para contener una enfermedad que en África constituye una auténtica pandemia, pero que en el caso concreto de Senegal está algo controlada. No difieren de las cifras europeas, pero el riesgo de un aumento considerable de casos y por tanto de una mayor propagación existe, por lo que su labor de sensibilización e información cobra un papel fundamental. No están solo para tratar una tragedia, sino para evitar su expansión.

Por la tarde Fran, Pepi, Karin y Moctar marchan hacia Dakar, mientras que Tony y yo nos quedamos una semana más en Saint Louis. Con los jefes fuera deberemos tener más disciplina para realizar nuestro trabajo, aunque la dinámica de trabajo que llevamos es bastante buena y no creo que tengamos problema en cumplir los objetivos. Dedicamos la tarde a organizar el plan de trabajo y las futuras entrevistas pendientes: hemos apalabrado ya las citas con Marco, con el profesor Faye y con Moussa. Por otro lado estamos haciendo las gestiones para poder irnos un día con Nereo, un agricultor de La Palma que tiene unos terrenos cerca de la frontera con Mauritania. Sale todos los días temprano a su plantación y vuelve por la noche. También tuvimos tiempo de ir esta tarde a Feprodes para hablar con la persona encargada de los ordenadores. Es un chico joven que controla bastante y no tendrá problema en apañárselas para hacer funcionar todo. Resulta muy amable, y quedamos al día siguiente para enseñarle el sistema operativo libre Ubuntu. Se llama Sacoura Ndiaye.

Después hemos regresado al hogar, en un día sin excesivo trajineo, pero muy productivo para nuestros objetivos. Mañana más.

Visita de Médicos del Mundo – 20 de marzo de 2007

De nuevo ha tocado madrugar. Primero nos dirigimos caminando por nuestro ya cotidiano camino hacia Feprodes. Allí hemos comprobado con tristeza como el LiveCD que hemos traído con el distibución Linux Ubuntu no funciona. Una lástima, aunque dejamos los contactos preparados y acordamos enviarle unas ligeras indicaciones para que se pueda desenvolver con este sistema operativo libre.

A las nueve y media partimos hacia Médicos del Mundo. Cuando llegamos todavía no están listos, por lo que tenemos que esperar una media hora. Aprovecho para ojear algunas de las guías que encuentro en la habitación principal y tomo nota de los medicamentos de los que disponen, así como sus marcas y procedencia. Casi todas vienen de la India. Senegal sí puede comprar medicamentos genéricos anti-SIDA a precios normales a diferencia de otros países con mejores condiciones económicas (la diferencia, según el rasero ONU, entre países subdesarrollados y países en vías de desarrollo).

Finalmente pasadas las diez partimos en un imponenete todoterreno blanco hacia una gran fábrica agrícola donde se va a realizar la charla explicativa sobre el SIDA y la necesidad de hacerse la prueba. Tardamos una media hora en llegar, y para alcanzar nuestro destino cruzamos la Universidad de Saint Louis, la tercera del país (me refiero a que solo hay tres en todo Senegal). Una vez en el complejo agrícola observamos como en mitad de la arena se agolpan grandes invernaderos, del que salen y entran trabajadores. Al fondo se puede observar maquinaria agrícola, y cada poco se ven pasar tractores repletos de personas. Nos desviamos hacia un pequeño edificio de una sola planta con forma de ele. Es el comedor del centro, y los trabajadores de Médicos del Mundo instalan ahí sus altavoces. Aprovechando la hora de comer se dará una charla informativa sobre SIDA. El discurso lo lleva uno de los trabajadores de Médicos del Mundo, que en un tono alegre y participativo explica las cuestiones importantes de esta enfermedad y sobretodo dos conceptos: por un lado la necesidad de hacerse la prueba, y por el otro los métodos preventivos para no coger la enfermedad. La participación de todos es importante, y se prioriza escuchar las opiniones de las tímidas espectadoras.

Marco nos cuenta durante una de las sesiones que las charlas son similares a las que él vivía en Tanzania, aunque en el oriente africano quizás iba un poco más allá, montando escenas de teatro y charlas lúdicas para atraer la atención de las gentes. De todas formas se muestra muy contento de la manera de hacer de sus compañeros, aunque echa en falta más profesionales médicos senegaleses. Cuenta que la principal falta de recursos en su organización es la de médicos, pero no médicos occidentales, sino de médicos africanos. Falta, a su juicio, personal autóctono formado.

Esa charla me recordó de un chiste sobre consultores que contó Marco el día anterior. Decía así:

Por una carretera africana viajaba un consultor con su enorme todo terreno. Vio un pastor y decidió parar a su lado. Tras apearse le propuso una apuesta: si acertaba cuántas cabras tenía el pastor, éste le dejaría llevarse una. El pastor, atónito, aceptó la apuesta. Sin titubear el consultor acertó el número. Cuando había ya seleccionado al animal que se llevaría el pastor le planteó una cuestión al consultor. Si podía intuir el trabajo del blanco, éste le devolvería al animal. Perplejo, aceptó la apuesta. El pastor respondió que la profesión del extranjero era la de consultor. Extrañado el consultor soltó al animal y le preguntó cómo podía haberlo adivinado. El pastor le respondió que por dos simples razones: “Porque me ha pedido algo a cambio de una información que ya sé, pero sobretodo porque de todas las cabras que hay aquí, usted se está llevando al perro”.

Pasamos la mañana en tres sesiones de información, y hasta las dos de la tarde no terminaron. Ya la última reunión, calcada a las anteriores, resultó demasiado para Tony y yo. Salimos del centro y nos dirigimos a un pequeño enclave dispuesto para el rezo musulmán. A la sombra de un árbol pasamos la última hora del mediodía, entre pájaros, fieles y cansados.

Después regresamos a la sede de Médicos del Mundo y nos despedimos del grupo hasta el día siguiente, para hacer la entrevista con Marco por la mañana. Tras comer en casa de profesor Faye y acordar su entrevista para la tarde de mañana, vamos a realizar unas grabaciones por la isla de Saint Louis, sin mucho resultado. También nos da tiempo de pasar por Feprodes para seguir observando las instalaciones donde se montará el aula informática. La verdad es que están haciendo un trabajo muy bueno, y no creo que necesiten ayuda de ningún tipo, se las apañan muy bien. Incluso siento un poco de vergüenza del material que les enviamos en un contenedor a la espera de superar trámites burocráticos para su descarga.

Por la tarde, a parte de seguir trabajando en las preguntas para las entrevistas a Marco y Faye, hemos conseguido apalabrar la de Moussa. Estamos muy contentos.

Marco y Faye – 21 de marzo de 2007

radical (Del lat. radix, raíz).

1. adj. Perteneciente o relativo a la raíz
2. adj. Fundamental, de raíz.
3. adj. Partidario de reformas extremas, especialmente en sentido democrático.
4. adj. Extremoso, tajante, intransigente.

* además existen otros significados para botánica, gramática, matemáticas y química.

A primera hora de la mañana estamos en la puerta de la sede de Médicos del Mundo, para realizar la entrevista a su coordinador en Saint Louis, Marco. En pocos minutos nos organizamos y hacemos la entrevista en el jardín de la sede. Marco es una cascada informativa y sus respuestas son agua fresca para nuestro trabajo. Estoy realmente emocionado y muy impactado por este personaje que me habla de radicalismo como actitud de vida. Habla mientras asiento emocionado, porque siento que compartimos ideas, y me resulta reconfortante percibir una visión donde se argumenta con claridad un concepto muy importante en mi viaje: la pobreza es una cuestión que nos atañe a todos. Es un personaje de izquierdas muy mentalizado, con cierto grado de individualismo libertario y una concepción del mundo con respuestas relativas. Hablamos largo y tendido sobre el papel nefasto de la religión como instrumento de control que las élites utilizan para perpetuar su poder, y de cómo los países ricos están esquilmando los recursos de los países pobres, incluso a través de la acción indirecta de organizaciones como Médicos del Mundo o la Fundación Universitaria de Las Palmas, por poner unos ejemplos. Este es un tema bastante complejo y profundo, donde se pueden ver dos niveles: por un lado las personas con proyectos honestos y resultados inciertos, y por el otro el papel que cumple la cooperación internacional a la hora de abrir mercados, que se organiza bajo la coordinación de ciertas organizaciones canalizadas a través de agencias estatales de ayuda al desarrollo, avanzadillas dispuestas a crear las condiciones para la expansión comercial de un país sobre otro. Parece que nadie da nada gratis en este mundo, y el gobierno español, a través de su agencia de cooperación, mucho me temo que tampoco.

La entrevista toca muchos aspectos diversos, aunque los problemas de agenda de Marco hacen que no sea todo lo larga que desearíamos. Tiene que acudir a un centro de salud esa misma tarde y organizar una salida hacia el interior del país. Nos despedimos amablemente y quedamos para compartir experiencias a través de Internet. Sinceramente, espero que este haya sido el primer encuentro de una amistad aún por consolidar. Por otro lado Bani nos llama para darnos la alegre noticia de que ha podido contactar con Nereo, quien nos recoge mañana temprano para pasar el día en sus terrenos. Por otro lado el profesor Faye nos invita a cenar mañana a su casa, una cena en nuestro honor.
Acabamos relativamente temprano y nos dirigimos a casa a descansar un poco. Pasado el mediodía acudimos a casa de Faye para realizar unas tomas de la preparación de la comida. Después nos quedamos para comer y aprovechamos para grabar el almuerzo, ritual de comida compartida. Por la tarde realizamos la entrevista al profesor Faye, enfocada sobretodo en temas de educación. Para ello contamos con la gran ayuda de Ángeles, que al desenvolverse mucho mejor que yo con el francés se presta como reportera. Un lujo. La entrevista sale estupenda y Faye abarca con seriedad y pausa los diversos problemas que a su juicio vive el sistema educativo senegalés y por extensión la sociedad senegalesa. Empiezo a oír razones similares de distintas personas y distintos campos. Comienzo a comprender que la falta de formación superior es uno de los problemas que las distintas personas con las que hablamos localizan como factor fundamental. Por otro lado la tradición se perfila como motor que ralentiza los cambios, en la que anda la religión y que determina las conductas sociales y culturales del país; sinceramente, me suena. Acabamos encantados del material adquirido, y salimos disparados para una visita a Claire Enfance, una organización local de atención a menores en situación de pobreza.

Casi sin tiempo para descansar acudimos a dos “grupos bases” de esta organización local senegalesa. Pepi ya me había comentado algo sobre la misma. Nos dividimos en dos grupos; por un lado Tony se va con Bani a una especie de pequeña guardería donde está uno de los grupos, y yo me voy con Ángeles a otro. Cada uno de los grupos va acompañado por una persona de Claire Enfance. Salimos de Saint Louis y cogemos la carretera hacia Dakar, pero en seguida nos vamos hacia uno de los lados del río y el taxi nos deja en la entrada de una barriada que parece bastante humilde. Las casas se agrupan entre calles de arena donde la basura se asienta por muchos lados. Los niños, poco a poco, se van dando cuenta de nuestra presencia y se empiezan a amontonar a nuestro alrededor. Sus ropas están completamente destrozadas, repletas de suciedad; los niños están alegres y aprovecho para jugar un poco enseñandoles el visor de la cámara. Caminamos por un laberinto de calles y pronto pierdo la orientación. De repente hacemos un giro y encontramos un grupo de unas quince niñas que realizan labores de punto sentadas en la calle, en una especie de obra que no termina de comenzar. Al lado hay una choza de paja con unos calderos. Salvo el ajetreo de los niños, no hay más ruido en el ambiente.

Las niñas que cosen son el denominado “grupo base”, pero choca bastante verlas. Van completamente aseadas y arregladas, algunas incluso con maquillaje; parece, sinceramente, que nos estaban esperando. Poco a poco la escena se va llenando de niños y adolescentes, pero ni mucho menos arreglados como las niñas que cosen. Cuando observo lo que hacen, veo que no tienen empezado prácticamente nada, es decir, o no saben coser o llevan muy pocos minutos haciéndolos. La persona de Claire Enfance afirma que las niñas reciben clases de alfabetización y de costura, pero realmente no había nadie con ellas cuando llegamos, y nadie se quedó cuando nos fuimos. Alrededor de la escena los jóvenes empezaron a impacientarse, y a querer participar en las preguntas que Ángeles realizaba a las niñas a través de la mujer. Éstos se comunicaban en wolof, así que era imposible enteder lo qué estaban diciendo.

Mientras grabo la escena que tenía delante, poco a poco compruebo que por detrás y a los lados de la cámara se amontonaban niños y jóvenes. Cuando me dispuse grabarles uno de los jóvenes, que no debía pasar los dieciséis años de edad, me indica que no les grabe, así que me dedico a captar los exteriores; es la primera vez que me llaman la atención por la cámara. Las señoras que pasan con sus hijos enlazados a sus espaldas huyen del foco de vídeo, y a mi lado una pequeña de unos dos años se me acerca y se apoya en mis piernas. Es una preciosa niña con unas pequeñas bolas negras debajo de los ojos que se amontonan como legañas oscuras; su cara está llena de mocos completamente resecos, y el vestido que lleva está rasgado y sucio. La senté sobre mi piernas y lentamente me agarro con sus pequeños dedos, primero mi mano, y luego mi rostro. En ese momento sentí como mi corazón se aceleraba, y tuve que hacer un gran esfuerzo para contener mi emoción, rodeado por una treintena niños y adolescentes, roto por dentro, contemplando un instante que llevaré conmigo el resto de mis días.

Fue una de las sensaciones más intensas que he vivido nunca; no pude hacer nada más que sostener a la pequeña y intentar no pensar en las causas que provocan que una niña se encuentre en determinadas circunstancias y yo me sienta completamente impotente. Los más fuertes sobrevivirán, mientras que los débiles perecerán. Espero que la niña logre superar su infancia, pero sé que es algo que no nunca sabré. Es curiosa la cultura senegalesa; aquí el valor supremo es la experiencia. Entre más tienes mejor consideración social puedes alcanzar. Los ancianos son venerados y sus palabras muy tenidas en cuenta; los jóvenes no discuten con los mayores, sino que acatan su posición y aprenden de ellos. Esta lectura, que tiene sus connotaciones positivas y que tanto nos tiene que enseñar, tiene una doble visión; los niños son las personas con menos experiencia, y como tal, su estatus se sitúa en la escala más baja de la sociedad senegalesa. Para una persona como yo, proveniente de una cultura donde se sobreprotege al menor, se sobrevalora la juventud y se desprecia la vejez, contemplar un lugar donde los ancianos son venerados, los adultos escuchados y los niños expuestos a las durezas y golpes de la vida, resulta un poco impactante, sobretodo lo último.

Roto no puedo continuar con mi trabajo y apago la cámara. Me dedico a interactuar con la pequeña, que tiene que estar alucinando con mi color de piel, o por lo menos ese creo que es el motivo de su curiosidad. Las niñas sentadas en el suelo se ríen ante la escena, mientras la madre de la niña me mira con cierta desconfianza. Cuando finalmente la pongo en el suelo la niña se mea encima. Miro a la madre pensando en que la va a limpiar, pero nada sucede; la orina se secará sobre su piel, y hasta que no se bañe seguirá ahí. Me quedo en blanco y pienso en las posibilidades de propagación de enfermedades en estas condiciones de vida, sin asistencia sanitaria, alimentos sanos y sistemas de depuración de basuras. La situación es desconcertante para mí, y la reconozco como una de las más duras que he vivido nunca; siento una rabia terrible, un sentimiento de culpa pasmosa que me rodea y me gira.

Cuando nos vamos me quedo pensativo y distante. Estoy muy cabreado. Enfado contra todo aquel que propicia esta situación, contra una economía incapaz de no actuar rapazmente, provocando que esta niña que he tenido sobre mis piernas horas antes tenga que vivir unas condiciones que cualquier padre occidental tacharía de espantosas e inadmisibles para sus propios hijos. Tony, sin embargo, ha tenido una visita mucho más gratificante; está bastante contento porque ha podido interactuar con niños en todo momento y está muy satisfecho del trabajo. Yo, por otro lado, me cuestiono todo y resoplo incapaz de asimilar lo que mis ojos acaban de contemplar. No me puedo quitar a la niña de la cabeza, y mucho me temo que de vez en cuando saldrá para recordarme la enorme mierda en la que hemos convertido la relación entre humanos y nuestro sistema de reparto de recursos.

Siento en mi interior como mi vena radical se agranda por momentos, y adopto una posición muy crítica respecto a lo que estoy viviendo. Pienso en la religión como cáncer de la sociedad, y en las diferencias sociales con el tema de la experiencia entendida como plenitud y no como decadencia ante una vida ya vivida. Son mundos parecidos el suyo y el nuestro, pero con sus diferencias. No verlo podría ser un error, y no sé hasta que medida lo puedo aceptar con humildad. Hay cosas que duelen ver, por supuesto supeditadas a tus propias experiencias y desarrollo social, pero que revuelven por dentro. Resulta durísimo comprobar que existe una gran juventud sin formación que es utilizada para fomentar el fanatismo y el control-manipulación social. No se puede razonar con alguien que parte de la base de que ellos son portadores de la verdad y en donde tú siempre estarás equivocado a no ser que modules tu discurso en función del suyo. La religión no es más que una excusa, el pretexto perfecto de ciertas élites para seguir manteniendo área de influencia (como decía Foucault, el poder no se posee, se ejerce). ¿Qué hacer?… hoy me llevo mucho a la cama, triste por empezar a entender que esto no servirá de nada, nuestra labor, nuestro trabajo, nuestras acciones.

Nereo – 22 de marzo de 2007

Hoy vamos a pasar el día entero en el campo. A las ocho de la mañana estamos preparados a la espera de Nereo, un antíguo médico palmero convertido en agricultor que explota unos terrenos en el norte de Senegal. Aparece con una furgoneta blanca bastante destartalada, y le acompaña Cesáreo, otro palmero de unos cuarenta años de edad con aspecto rudo y calmado. Nereo tiene más edad, el entrecejo muy poblado y bastante pelo blanco sobre la cabeza. Usa cholas de calzado y sus dos dedos pequeños del pie tienen la forma de la pezuña de perros. Son muy acogedores. Antes de salir cargamos la furgoneta con unos sacos de arena que se usarán para filtrar agua de riego.

Las tierras de Nereo están a una hora de coche desde Saint Louis. No sabría describir con exactitud su ubucación exacta, pero creo que fuimos hacia el norte. Resultó agradable salir de tanto paisaje urbano, con la breve excepción de la salida con Médicos del Mundo. A medida que se avanza, las casas poco a poco van desapareciendo. Dejamos a un lado el pequeño aeropuerto de Saint Louis. Nereo nos comenta que hubieron muchas protestas porque es en ese aeropuerto donde se devuelven en contra de su voluntad a muchos de los que partieron en cayuco. Finalmente el camino deja atrás la ciudad y solo se contemplan aldeas esporádicas con construcciones de caña en forma circular. Poco a poco nos vamos adentrando en zona rural, y Nereo comenta la procedencia y actividad de cada explotación de la zona. Lleva viviendo en Senegal desde el año noventa y uno; más de quince años. Antes de vivir aquí era médico, y pasó gran parte de su vida en sudamérica, sobretodo en el Perú.

Hace un poco de frío matutino, así que respiro tranquilo. Me habían comentado que el calor allá arriba es bastante más intenso que en Saint Louis, más cercano al océano. A medida que avanzamos sobre la estepa senegalesa, las nubes se van descomponiendo y el sol comienza a relucir.

Tras un buen rato de viaje llegamos a una finca rodeada de eucaliptos. A la izquierda tiene unos invernaderos donde se planta tomate y manga, principalmente. La mayor parte del terreno está al aire libre, y se dedica a la mandarina y la naranja. En uno de los lados de la finca hay una pequeña edificación de dos habitaciones. Nos dirigimos hacia allí y dejamos los bártulos. A un lado se pueden observar monos sobre los árboles, a la espera de poder asaltar la finca en busca de alimento. Nereo los considera odiosos, pero Tony me recuerda que en el fondo llevan más tiempo que Nereo por ahí, así que algo de derecho sobre la comida tendrán.

Nereo y Cesáreo, junto a un grupo de senegaleses contratados, se ponen a filtrar la tierra que posteriormente introducen en una bomba de agua. Se muestran desconfiados por la sostenibilidad de la base, así que deciden añadirle más cemento. Tony y yo nos adentramos en la estepa senegalesa. Al poco rato me veo solo, en mitad de un paisaje marcado por los amarillos y el cielo blanco azulado. Los árboles finos repletos de arbustos de espina gruesa se reproducen marcando cierta distancia entre uno y otro. El suelo está reseco, tierra quebrada por la falta de agua, o quizás por ser asiento de agua que se evaporó hace ya mucho tiempo. En el terreno arenoso se ven múltiples caminos que llevan hacia todas las direcciones. Yo me dedico a grabar sonidos, y decenas de ellos entran con fuerza intensificados por el micrófono. Los pájaros resuenan junto al zumbido de las moscas, mientras una leve brisa cálida pellizca mis oídos. El calor pronto comienza a ser intenso, y me quedo sin cinta de grabación. Tardo en encontrar a Tony, quien tampoco tiene cinta encima, así que regreso a la furgoneta. A la vuelta nos adentramos un poco más por la estepa en busca de imágenes y finalmente decidimos regresar y cobijarnos a la sombra de los eucaliptos.

Al mediodía nos dirigimos hacia una pequeña casa para comer. Una de las estancias tiene una pequeña cocina de gas y una mesa. La habitación contigua tiene camas y hamacas, cada una con sus respectivas mosquiteras. Comemos espaguetti, piña del país, y polvo de maní. Después de comer nos dirigimos con Nereo hacia la segunda finca, mientras Cesáreo se queda plantando semillas de tomate. Antes de llegar nos da tiempo a intentar grabar a los monos, pero resultan bastante escurridizos. También para perseguir a una gran bandada de pájaros que descansaban en la tierra, a pleno sol de tarde temprana.

La segunda finca de Nereo está dedicada exclusivamente al millo. Allá la estación de bombeo es más grande, y tiene un pequeño almacén donde guarda un tractor y muchos sacos de abono. Nos cuenta que toda la producción la compra una empresa inglesa, que no quiere las piñas que no sobrepasen los quince centímetros de longitud; aquellas que no pasan el corte son desestimadas y tiradas. No pueden regalarlas, porque eso implicaría que alguien debería moverse para encontrar una salida a esa producción, y por otro lado Nereo busca colocarla en una empresa local de realizan pastas de productos agrícolas, en este caso tomate. En este terreno tan duro la agricultura es posible porque los agricultores utilizan los afluentes del río Senegal para regar sus campos. El sol, los trabajadores locales (y sus sueldos), y los exportadores ingleses hacen el resto. En Europa cada vez se tiende más hacia una legislación agrícola más restrictiva en función del impacto medioambiental y social de las explotaciones. Pienso en las dificultades que alguien que empleara los procedimientos que Nereo usa aquí tendría en occidente. Aquí solo tienen que desviar el curso del afluente, comprar una tierra que en si misma no alcanza mucho valor en el mercado, pagar sueldos de miseria a los trabajadores, la mayoría exclusivamente contratados durante la recogida, y buscar a los ingleses, a los mercaderes de cualquier nacionalidad, intermediarios que saben donde compran y vender. Exportación, esa es la clave del éxito capitalista.

Mientras paseamos por el terreno unas vacas entran en la finca. En el camino nos comenta que no siguen ninguna planificación de rotación para los cultivos, ni emplean ningún tipo de abono natural. El que usan lo suministra la empresa exportadora, que tiene que cuidar bien de que sus productos no estén bañados en el veneno que por otro lado sí permiten vender a terceros países, que los usan en sus suelos para abastecimiento local. Como eso se sabe, los ingleses toman medidas, y aunque sus abonos son denunciados en los propios países destinatarios, al menos se mantienen en la línea de la legalidad, la de allá claro, no la de aquí; esto es otra cosa, otras leyes, otras vidas.

Por la tarde regresamos a la primera finca y ayudamos a Cesáreo con las semillas de tomates. Después recogemos algunas mandarinas y nos vamos en busca de planos y sonidos. Nos adentramos de nuevo en la estepa, pero los monos a esta hora se han marchado, y apenas conseguimos resultado. Compruebo con tristeza como el sonido de los pájaros ha disminuido bastante, dado que usan la sombra de los árboles para protegerse del intenso sol del mediodía, y eso los junta. Ya casi de noche terminamos filtrando arena. Me escapo de la tarea al comprobar como los mosquitos empiezan a asorarme, y corro en busca de repelente. Al no encontrarlo me entra la paranoya de la malaria, y me desespero hasta la hora de marchar.

Por la noche partimos hacia Saint Louis. Tardamos una hora en regresar, que resulta un poco agonica al no poder cerrar la ventana de la furgoneta, y tener que disfrutar de la brisa nocturna senegalesa durante todo el camino. Una vez llegamos a nuestro destino nos dirigimos a cenar a casa de Faye, donde nos esperaban también Bani y Ángeles. La cena compuesta a base de unos fideos finos con verduras resultó reconfortante después de un largo día. Pronto nos despedimos porque en pocas horas partiremos hacia una ciudad cercana a Thies, al bautizo de la hija de Faye.

La Fiesta de Faye – 23 de marzo de 2007

Tras dormir tan solo cuatro horas, a las cinco de la mañana, partimos hacia Tivaouane, un pueblo cerca de Thies, una ciudad a menos de cien kilómetros de Dakar. Es una ciudad santa, pero ahora mismo no recuerdo su nombre. El viaje dura dos horas y media, y utilizamos el taxi colectivo clásico que se ha convertido en un mito de nuestro primer viaje a Senegal. Estos taxis constan de siete plazas para viajeros. La novedad es que utilizan los clásicos coches largos con maleteros enormes y le introducen una fila de asientos. Son muy parecidos a los que vi en Marruecos años atrás. Todos los que usamos emitieron una gran cantidad de humo al interior del coche, concentrándose en la parte trasera. Por mucho que las ventanas fueran abiertas, el olor en los tres últimos asientos es insoportable. Para mi suerte soy el último en subir al coche, y me he sentado en uno de los asientos medios, por lo que al menos a la ida podré huir de ese nauseabundo olor. La desventaja es que mi ventana no se cierra, y a las cinco de la mañana, por la estepa senegalesa, a ochenta kilómetros por hora, corre un biruje considerable. Tony va detrás; no ha tenido tanta suerte.

Después de dos horas y media llegamos destrozados a nuestro destino. Primero vamos a una gran casa con el patio clásico senegales, que consiste en un espacio abierto lleno de arena. Hay un gran toldo montado y alfombras extendidas a su sombra. El lugar está lleno de gente y nos vamos presentando uno a uno. Las dos maneras que he aprendido para saludar son el típico ça va francés y el más tradicional salam malekum (a lo que se responde malekum salam). Viene a significar: que Allah sea contigo/ustedes – y con ustedes también. No sé donde leí que el primero se usa más cuando solo saludas a una persona, mientras que el segundo es más propio de saludos generales. De todas formas supongo que el verdadero musulmán no usará prácticamente el vocablo francés.

Dejamos los bártulos debajo de una escalera dentro de la casa, y nos llevan a una casa contigua. Los vecinos han prestado su hogar como espacio de descanso para poder realizar el ritual de bautismo islámico senegales al que vamos a asistir: la primera hija de Faye será presentada en sociedad. Dentro de la casa nos presentan a un numeroso grupo de personas, y nos asentamos en el salón. La decoración es la típica en las casas que hemos ido conociendo por Senegal. Supongo que la influencia islámica llega a casi todos los aspectos de la vida. La habitación tiene una forma de dos rectángulos en ángulo de noventa grados. La entrada se encuentra a un lado, y hay una gran alfombra roja que llena toda esa parte de la habitación. A su lado un colchón de matrimonio en el suelo, justo a la izquierda de la televisión, que ocupa la ubicación principal. En su ala derecha hay tres sofás con la clásica mesa de cristal como eje central. Las paredes aparecen desnudas, salvo algún cuadro de un gran marabú, cuyo rostro también se observa en una de las tapas de una lámpara. Sin duda es el mismo, y creo que se trata de Ahmadou Bamba, “Touba”.

Tras las presentaciones y un breve paseo alrededor de un enorme baobab regresamos a la casa principal. En ella contemplamos el principal ritual del día. La celebración, como todo bautizo de religión monoteísta que se precie, consiste en presentar a recién nacido ante Allah, y darle un nombre. En Senegal el festejo comienza con el afeitado de la cabeza del recién nacido, que en este caso es una niña y tiene una semana de vida. Una mujer mayor ayudada por otras dos realiza el acto, mientras los hombres se van asentando en el exterior, en las alfombras dispuestas debajo del toldo. Mientras con una hoja de afeitar de las antiguas la mujer rasura con cuidado la fina pelusilla rizada del bebe, otra mujer pasa jabón por la cabeza. Luego la limpian hasta dejar la cabeza despejada.

Después del ritual, los hombres, junto a un marabú local, se sientan en el exterior y comienzan su debate. En la charla participan todos, y por supuesto está Faye en ella, recibiendo junto al marabú los comentarios de los presentes. Tras largo tiempo de charla, el marabú selecciona el nombre de la niña, cuyo nombre, para mi vergüenza, no recuerdo.

Tras el bautizo regresamos a la casa del vecino y reposamos en el gran salón. Poco a poco me voy quedando dormido mientras todos miran fascinados el peor serial hecho para televisión del mundo. Es una versión senegalesa de una telenovela clásica al estilo venezolano. No soy capaz de entender ni una sola de las palabras que dicen, pero eso es lo de menos. Los planos son espantosos, los fallos en la edición y realización impactantes. Mientras nosotros descansamos las mujeres se quedan preparando la comida. Esa conducta se repite en otras muchas culturas, aquí también.

Lo poco que he podido ver de la televisión en Senegal me produce tristeza. Prácticamente la totalidad son franceses. Su presencia se extiende, como siempre, por los medios de comunicación africanos. Su condición de ex-colonia pone a Senegal en el papal de importador de su antigua metrópoli. La presencia del “sueño francés” que vende su espantosa televisión es vista por millones de senegaleses, quienes son lentamente inducidos a unos valores culturales que ni son valores ni muchas veces tiene que ver con la cultura, sino con la industria. Me refiero a las conclusiones del profesor Noam Chomsky en sus precisos y minuciosos estudios sobre los medios de comunicación. Hablo de despistar, de desplazar el foco de atención de los verdaderos problemas hacia otras cuestiones que carecen de importancia, como pueda ser el deporte o los seriales. No se habla de que la única condición para viajar por el mundo libremente es el dinero, y que la única barrera que separa la libre circulación de personas por el mundo es la extensa línea que separa riqueza de pobreza. No me extraña que quieran llegar a esos países del norte donde se pueden conducir los coches que salen por la televisión, y las casas completamente equipadas, y las ropas y trabajos que se observan. El sueño se vende y ellos lo captan. Nosotros también. La única excepción es la RTS, la Radio Televisión Senegalesa, que me recuerdan a las televisiones locales de España, incluso diría que de las malas dentro de ese ya de por si impactante sector audiovisual.

Tras echar un cabezadita y dar unas vueltas acudimos de nuevo a la casa principal donde por fin aparece el coche que transporta la mujer de Faye junto a sus hermanos. A su llegada son vitoreados; en ese instante Tony y yo comenzamos a ser conscientes de que a la mujer de Faye le encanta sentirse importante en este día tan señalado, y la presencia de cámaras de vídeo y fotos enfocadas en su persona es un elemento que le resulta estimulante. Tras rodar su llegada empezamos a ser conscientes de que nos ha caído un curro sin remunerar de “vídeo de bautizo” y que lo vamos a tener que editar como tal. Finalmente acudimos de nuevo a la casa del vecino a comer. Un honor y un trabajo también, sobretodo para Tony.

La comida más deliciosa que probé en Senegal la tomé sin duda en esta ocasión. Los ingredientes son los clásicos, salvo por una excepción: arroz, verduras y en este caso carne, en lugar del tradicional pescado. Un ligero toque a picante y una cabra recién degollada horas antes, unido a un trato excepcional y el entorno de tranquilidad, convirtieron esa comida en un momento genial de nuestro viaje por Senegal.

Por la tarde volvimos a la casa donde se celebra la fiesta, una vez pasadas las tres de la tarde. Resulta que es viernes, día santo para los musulmanes, y en este día tan señalado no se puede, antes de las tres, beber ni fumar ni bailar ni nada, aunque yo pensaba que las dos primeras eran todos los días. El Islam está presente en todo momento en la vida de Senegal, pero aquí no resulta puritana su interpretación, aunque sí su influencia en la vida y su responsabilidad en los problemas del lugar y sus gentes, que tanto veneran a Allah. La fiesta es animada y las mujeres bailan entre risas, mientras el sol poco a poco se va poniendo. Ya de noche, y tras varias horas de espera pensando que nos íbamos, acabamos cenando en la casa de los suegros de Faye junto al conductor del taxi, que come con desesperación en el mismo plato que antes hemos devastado. El menú: pollo, lechuga y papas fritas, servido en su correspondiente bandeja y con burbujeante refresco de naranja senegales.

Tras la cena partimos hacia Saint Louis. Esta vez me toca detrás, junto a Tony, que curiosamente, repite. En esta ocasión la teranga senegalesa brilla por su ausencia. Tras dos horas y media de agonía llegamos a nuestro destino. Hasta entonces no pensé que me alegraría tanto de oler el apestante hedor a pescado podrido que emana de la desembocadura del río Senegal. Ese impacto a tus pulmones, en esta ocasión, significaba que llegábamos finalmente a nuestro destino. Mareado solo tuve tiempo de darme una ducha y caer rendido sobre la cama. Ha sido un día muy largo, no puedo más.

Descanso en Saint Louis – 24 de marzo de 2007

El último día en Saint Louis se dedicó al más absoluto de los reposos, o por lo menos esa fue la intención. Por primera vez pudimos dormir hasta que el cuerpo pidió despertarse, aunque para nuestra desgracia eso no sucedió demasiado tarde. Supongo que adaptarse a determinado ritmo de trabajo es lo que tiene, y luego cuesta dejarlo. Tony fue el primero en levantarse, y se fue al cibercafé a buscar determinados drivers que le permitirían hacer funcionar el sonido del ordenador de las cooperantes y grabar a Touba en un cd sus cantos previamente registrados. Yo me quedé remoloneando en la cama hasta que finalmente me levanté. Desayunamos con Bani y descansamos durante toda la mañana, momento que dediqué a poner al día este espantoso cuaderno.

Al mediodía acudimos a nuestra cita diaria para comer en casa del profesor Faye, una comida agradable con sabor a despedida. Al final Faye quedó para darnos un último abrazo por la noche. La tarde estaba programada para realizar algunas compras, pero esa tarea en Senegal, si eres un toubab, es bastante complicada. Nos atosigaron desde la salida hasta el puente de Saint Louis, en la calle donde más hoteles se concentran. Después fuimos hacia Feprodes con la intención de buscar una tienda de tela, pero no fuimos capaces de encontrarla. Si encontramos, sin embargo, a una de sus integrantes en la puerta del edificio. La reconocí porque era la que más energía desprendía en lo poco que pude observar de las reuniones de mantuvimos. Nos dio dos botes de miel de Gambia para que se lo entregáramos a las niñas (en realidad eran para nosotros) y nos pidió nuestras direcciones. No nos pudimos negar y mientras apuntaba nos comentó que tenía una hija que quería ir para España, y que si podíamos ayudarla sería un gran favor. No supe que responder, y entre mi mal francés y las dobles intenciones de la señora no me quedó nada claro. Me acordé de una de las frases que me habían comentado cuando llegué a Senegal con respecto a la emigración. Me dijeron que las madres de los senegaleses no quieren que sus hijos emigren porque los quieren tener cerca siempre, pero esta señora no dio esa impresión. Más bien lo que no quieren, y me parece muy lógico, es que sus hijos se hagan a la mar en cayuco, por los gravísimos riesgos para sus vidas que tal travesía conlleva. Pero para emigrar sí que los apoyan, en busca de un futuro mejor, quien sabe.

Cuando regresamos están Bani, Ángeles y Moussa en el patio de la casa; algo malo, por la cara pálida que tiene Bani, ha pasado. Al parecer Moussa y Ángeles se fueron al cibercafé y mientras Bani estaba sola en la casa apareció Touba. Este chico parece estar mal de la cabeza, y ya se había comportado de manera extraña desde que llegamos, sobretodo el día de la entrevista a Moussa, cuando le pedimos que cantara y al final montó un número de trance religioso islámico con lágrimas y convulsiones. Cuando estuvo a solas con Bani empezó a insinuarse. Esta escena al parecer ya se había repetido en otras ocasiones, pero no había llegado hasta tanto. La niña se quedó petrificada y lo pasó fatal. Cuando llegamos nosotros ya no estaba Touba, pero Moussa estaba muy preocupado. Ángeles está más serena, y consideró la situación como difícil pero no tanto como para que resultara peligrosa. Tony y yo nos mirábamos estupefactos, al sentir que Touba era algo parecido a un enfermo mental. Aparecieron vecinos y amigos para intentar tranquilizar a las niñas. Me sorprenden las palabras de una de las vecinas que acudió personalmente a tranquilizar a Bani, recordándole que estaban pendientes y que Touba (que vive al lado) no está bien de la cabeza, pero que no el iba a pasar nada.

Antes de ir a cenar Tony y yo pasamos a despedirnos a casa del profesor Faye, que se había retrasado porque estaba viendo el partido de fútbol en el que Senegal ganó cuatro a cero a Tanzania. Le comentamos que hemos invitado a las niñas a una cena, y él se empeña en despedirse cuando terminemos. Se pasará por casa. Finalmente vamos a una pizzería a cenar, y las niñas se muestran bastante calladas.

Una vez en la casa, y ya con el profesor Faye en la misma, aparece Touba. Bani y Ángeles se quedan blancas, y Tony y yo nos miramos preparando la mente para cualquier cosa; no recuerdo la actitud del profesor, pero parecía tranquilo. Saluda fríamente, y solo me da tiempo de moverme y sentarme al lado de Bani, con el fin de que no lo haga Touba. Por detrás aparece Asís, el casero, y mientras habla con Touba lo va echando con la mano. Touba parece desconcertado, y no entiende bien lo que pasa. Se muestra enfadado, pero finalmente sale de la casa. Se hace el silencio y se oyen golpes secos en la ventana. Touba está en la calle y con un palo golpea la persiana. Tony se levanta y abre la ventana, preguntando a Touba que cuál es el problema. Touba le responde que el problema es él (es decir, Tony) mientras con el palo sigue golpeando la ventana. Finalmente para, creo que por la mediación de algún amigo suyo. La situación se ha vuelto un poco violenta, y Bani está aterrorizada. Ángeles, sin embargo, se muestra un poco más tranquila . Yo no quiero asustar a Bani, pero me parece que no es un sitio en el que se pueda sentir tranquila, sobretodo teniendo en cuenta que es una persona que parece no reaccionar tranquilamente a situaciones de tensión.

Tras unos minutos aparece Moussa muy nervioso. Discute con Asís sobre la conveniencia de llamar a la policía. En un principio yo entiendo que es Asís el que quiere llamar y Moussa el que prefiere arreglarlo él, pero luego resulta que es al contrario. Es en ese momento cuando más me preocupo por la situación. Si Moussa, que es amigo del alma y de toda la vida de Touba, prefiere que la policía senegalesa (que no debe ser cosa agradable) se lleve a su amigo es para preocuparse bastante, en mi opinión. Finalmente Moussa se va para hablar con Touba y nosotros, tras despedirnos de Faye, nos vamos a dormir muy mosqueados por la desagradable situación que nos ha tocado vivir en nuestra despedida de Saint Louis. También nos quedamos preocupados por la situación de Bani, espero que sepan llevarlo bien. Mañana regresamos a Dakar, y ha sido en esta última noche donde hemos vivido una situación extraña y fea. No todo podían ser experiencias bonitas, y hoy no ha sido un día bueno. Me quedo con la tristeza de no haberme podido despedir con decencia de Moussa, una persona francamente encantadora.

Regreso a Dakar – 25 de marzo de 2007

A la mañana siguiente nos despertamos por última vez en Saint Louis. La noche no ha sido agradable, dados los acontecimientos de ayer, pero es asunto de ellas y así nos lo han hecho saber. Bani se despierta para desayunar con nosotros y finalmente cogemos un taxi rumbo a la estación de taxis colectivos y guaguas de Saint Louis. Han sido unos días estupendos, y nos vamos alegres por el trabajo hecho y con ganas de regresar algún día a este curioso lugar, tan lleno de vida y de miseria.

Tras cruzar el puente y girar a la derecha, llegamos a la estación de transportes. En ella hay una fila horizontal de taxis colectivos y pequeñas guaguas que esperan a que se llenen para partir. Muchas personas se ofrecen para llevar nuestros bártulos y somos asediados con ofertas tentadoras; la experiencia empieza a hacer mella en nosotros y preferimos buscar por nuestra cuenta con el fin de evitar tarifas intermediarias. Tras tres cuartos de hora por fin vemos cumplidas nuestras exigencias. Pagamos por los tres asientos medianos y así evitamos el pestilente olor que se concentra en los tres posteriores. Una señora, que resulta ser del Congo y afirma ser asmática, es la que, tras preguntar amablemente por nuestro destino y aclarar que ella ni muerta iba detrás, consiguió el taxi que nos llevaría a Dakar. Me cuenta que le parece fatal que nos quieran cobrar más por ser extranjeros blancos; a ella no le cobran de más, pero se siente igual de extranjera que nosotros; ciertamente su país está más lejos que el nuestro, pero el color de su piel es más parecida. En los asientos posteriores se sentaron tres senegaleses; dos hombres y una preciosa mujer con peluca.

El viaje se hizo tranquilo y monótono. La ruta, durante las primeras tres horas, era la misma que habíamos recorrido dos días antes. El norte de Senegal, en la provincia de Saint Louis, tiene un paisaje que se denomina estepa africana; no llega a ser sabana, más común en el resto del país que en esta zona. Por acá, aunque son comunes, no abundan mucho los grandes baobabs, y la zona es más bien arenosa. A medida que bajas te adentras en el paisaje de sabana clásica de África, aunque sin grandes mamíferos. La carretera que une Saint Louis con Dakar no dista mucho de la línea costera del país. Contemplando en nuestro retorno el paisaje hacia el interior pienso en las ganas de adentrarme tierra adentro, lejos de la costa que de alguna manera es un nexo con casa. Introducirme en el continente del que forma parte mi hogar, y el origen de todos nosotros. Recuerdo las palabras de Nereo, cuando hablando de Adán y Eva señaló a los árboles con monos y comentó que si realmente existieron, desde luego no debían ser muy distintos a esos. También podemos contemplar algún buitre a la espera de algún atropello, que por aquí son frecuentes.

Después de haber estado picando, el taxi hace una parada para comprar mandarinas a las vendedoras ambulantes que se aferran en las carreteras. En ese momento los tres senegaleses que tenían los asientos de atrás comparten su comida con nosotros, y nos recuerdan que en Senegal es costumbre compartir el alimento siempre. Tony y yo enrojecemos mientras desesperados buscamos lo que nos quede de comida para compartir, siendo conscientes de que nos acaban de dar una lección de vida.

Finalmente tras cuatro horas de trayecto llegamos a Dakar. Contactamos con Moktar y quedamos con él en una rotonda a la salida de la ciudad. Esperamos media hora en la gran rotonda, apoyados en una mini comisará de la policía. En una de estas se acercó una especie de mendigo con cara de loco que pidió algo a Tony. Éste le entregó unas mandarinas, mientras por detrás otro mendigo le hacía señas a Tony para que no le diera nada a esa persona. Después el mismo se acercó a la ventana de la comisaría y sacó un papel de su interior. Al poco rato un policía salió y nos preguntó si habíamos visto algo, a lo que respondimos que no sabíamos francés. Al rato otro policía nos preguntó que si todo iba bien, y ya no nos volvieron a decir nada. Finalmente Moktar apareció.

Llegamos a la casa a eso de las dos de la tarde. Allí conocimos a Madelaine, que parecía novia de Moktar, además de ser quien mantenía la casa en pie. Nos fuimos con ella a un local de comida rápida senegalesa. el menú: arroz con verduras y pescado, pero en versión fritanga un poco cutre, en contraste con los almuerzos en casa del profesor Faye. Después de comer nos abastecimos con algo de comida en un supermercado de gasolinera, y nos fuimos a descansar a la casa.

Pasamos toda la tarde en casa de Moktar, bastante aburridos. Descansamos y pudimos conectarnos a Internet, pero la verdad es que se volvió un poco pesado. Por la noche cenamos algo de lo que habíamos comprado y nos acostamos pronto. Me encontraba física y mentalmente roto; no sé si habrá sido la presión, la novedad del viaje, los acontecimientos y experiencias vividas, pero me encontré saturado y una sensación poderosa de querer regresar a casa se apoderó de mí. Estaba cansado de salir a la calle y ver tanta miseria, un país devastado con graves deficiencias en muchos sectores, y dentro de una peligrosa espiral de economía del capital que lleva a grandes batacazos. No pensé que me fuera a pasar, pero quise que me pusieran la venda en los ojos para negarme a ver lo que tenía delante. Fue un momento duro, una situación que nunca pensé que me iba a pasar. Tenía ganas de llorar, pero no lo hice; me pudo más el aburrimiento y el hastío del ruido, la religión y la suciedad. Pasé las horas reflexionando sobre mi persona, sobre mis principios quebrados. Corazón y cerebro, pasión y razón enfrentadas como eternas dicotomías occidentales. Piensas en lo bueno y en lo malo, pero la sensación que se me impone es la tristeza. Necesito tiempo para digerir todo esto, tiempo para pensar sobre lo vivido y actuar en consecuencia, eso espero.

Tiempo, curioso concepto.

La Isla de Gorée – 26 de marzo de 2007

Nos despertamos temprano y desayunamos con Moctar. Tiene que irse a trabajar todo el día, pero ha hablado con el hermano de Madelaine y nos acompañará a visitar la isla de Goreé, el lugar más visitado en la ciudad de Dakar. La isla de Goreé es famosa por su ser enclave primero de portugueses y luego de holandeses y franceses, quienes la usaron para guardar esclavos que serían cargados en buques mercantes hacia las plantaciones de América. Decenas de miles de hombres, mujeres y niños fueron capturados en la sabana senegalesa, muchas veces por propias tribus locales que querían deshacerse de enemigos, y enviados en condiciones espantosas a una vida de sumisión y explotación en los Estados Unidos de América, Caribe y a Brasil, principalmente. Hasta 1848, año en que Francia abolió la esclavitud, en esta isla se estableció el más activo comercio de esclavos.

El puerto que lleva a Gorée está situado en el centro de Dakar, punta de la pequeña península que forma la ciudad, y que es una de las razones del caos circulatorio en la entrada y salida de la ciudad. Tardamos una media hora en llegar, y el buque tan solo unos diez minutos en hacer su travesía. La isla es un remanso de paz, sobretodo porque es lunes y todo está cerrado. Aún así hay grupos numerosos de turistas, aunque según nos cuentan nada que ver con la masiva afluencia de turistas en un día normal. Me cuesta imaginar Dakar como enclave turístico. Es una ciudad que no me resulta agradable para visitar. La isla no tiene coches, situación que supone un gran contraste con la cantidad de coches que circulan por Dakar. El aire de Goreé es limpio y la tranquilidad del lugar una constante reconfortante. Sus viejos edificios, marca de su pasado colonial que le da un ambiente mágico.

La principal razón de nuestra visita es grabar el interior de La Casa de Esclavos, para obtener buenas tomas de recursos, un posible final. Para nuestra desesperación La Casa de Esclavos está cerrada, aunque sí dejan entrar a determinados grupos. Durante dos horas intentamos pasar hasta que finalmente nos autorizan la entrada. El lugar es impresionante; puedes sentir el peso de la historia en las distintas habitaciones donde se hacinaban los esclavos. El lugar es, a primera vista, demasiado pequeño para poder albergar las cifras que se nombran en las explicaciones. La isla de Goreé es uno de los símbolos de la devastación del esclavismo en el mundo. Las paredes son de color rojo y una gran escalera dividida en dos preside la entrada al lugar. Un patio central hace de eje del cual sale un pequeño pasillo rectangular que da la vuelta al patio. En el otro lado del pasillo se encuentran las habitaciones: la de los hombres, la de las mujeres y la de los niños, y demás estancias. Justo en el lado contrario a la entrada, y siguiendo una línea recta entre las dos escaleras, se divisa una puerta abierta y el océano azul se divisa al fondo. El piso de arriba tiene una gran habitación museo con todas las pertinentes explicaciones, además de los guías que van narrando todos los detalles del lugar. El lugar me resulta fascinante, sin duda merece la pena verlo.

Dentro de la casa de esclavos conocemos a un periodista francés que está de vacaciones por Senegal. Comemos con él y regresamos a Dakar. Me mareo en el trayecto de regreso, mientras el hermano de Madelaine nos cuenta que es de la región de Casamance. Está al sur del país, y es frontera con Guinea-Conatry y Guinea-Bissau, además de con Gambia al norte. Hasta ahora no lo había nombrado, pero Casamance es una región en conflicto con el gobierno de Senegal. Corresponde a las regiones de Kolda y Ziguinchor. Es una zona con gran presencia de la etnia diola, que representa un grupo económicamente poco aventajado en el país. Desde hace años existe un movimiento separatista por la independencia o autonomía de Casamance, que ha participado en enfrentamientos con el ejército senegalés.

Por la noche salimos con Moktar a cenar en un sitio de comida rápida cerca de su casa. Pruebo el Kebab Senegales, que usa papa cocida en su interior y tiene un sabor un tanto extraño. También me como una hamburguesa, que francamente, sabe bastante mal. La verdad es que fue la peor comida de nuestro viaje, aunque la curiosidad de ver el lugar mereció la pena. Después regresamos a casa a dormir nuestra última noche en Senegal.

Hasta Pronto, Senegal – 27 de marzo de 2007

Nos levantamos temprano para salir con Moctar y Madelaine, quien tiene que entrar pronto a trabajar. Tras dejar a Madelaine, Moctar nos lleva hasta su lugar de trabajo, en el Ministerio de Sanidad de Senegal. Allí cogemos un taxi hacia la Asamblea Nacional. Es un imponente edificio, que resulta bastante grande en comparación con otros edificios de Dakar, pero que no llega ni de lejos a las dimensiones del Palacio Presidencial. La democracia en Senegal toma forma de sistema presidencialista, donde las votaciones se limitan a elegir al presidente, quien gobierna como un padre que tutela a sus hijos. Esa figura paternal rodea la institución del poder, y junto a los marabús deciden el destino del país y sus gentes. Wade gobierna ahora, y este anciano octogenario es la figura principal del país.

Al lado de la Asamblea Nacional está el Museo de Arte Africano de Dakar. Entramos y pasamos una hora contemplando las esculturas y vestimentas del África noroccidental, muy comunes en las culturas tribales de África y por consecuencia, del resto del mundo. El museo es bastante precario, aunque los ventiladores de hélices encendidos causan estragos en mi garganta. El humo que hemos respirado en este viaje ha sido exagerado. Resulta curioso comprobar que la mayoría de las piezas expuestas no son de Senegal, sino de los países fronterizos, sobretodo del sur.

Es difícil explicar el altísimo grado de contaminación que existe en Dakar. La causa principal, aparte de las industrias que proliferan en el extrarradio de la ciudad, son los coches. Se encuentran en un estado en el que la única exigencia que les puedes hacer es que caminen, porque pedir que los tubos de escape no emanen dosis ingentes de humo sería mucho. Vivo en Madrid, y la considero una ciudad con un aire bastante desagradable, pero no tiene nada que ver con el grado que alcanza acá. Me planteo si realmente África es destino de muchos coches que ya no cumplen la legislación occidental para circular y son enviados para venderlos aquí. De nuevo lo que no aceptamos como veneno es lo que vendemos a nuestros semejantes. Francamente, me costaría vivir en Dakar, por muchas razones, pero creo que la principal sería la contaminación del aire.

Desde el museo paseamos por Dakar. No puede decirse que sea una ciudad donde apetezca caminar. Es ruidosa y apesta a monóxido de carbono. La gente vive aquí porque es donde más trabajo se puede encontrar, pero la calidad de vida en esta ciudad es, en mi opinión, muy baja. Tras un largo paseo por la costa acudimos al primer hotel donde nos quedamos las dos primeras noches y desayunamos. Al rato Moctar aparece y vamos a comer con él a un restaurante senegales. Almorzamos en un lugar bastante cutre donde incluso intentan timarnos con el precio final. Después de un rato finalmente cogemos un taxi hacia casa de Moctar mientras él regresa a su trabajo. Una vez en la casa nos preparamos para el regreso y esperamos una eternidad.

Finalmente Moctar llega y nos lleva en muy poco tiempo al aeropuerto. Está casi vacío, y no tenemos problemas en pasar los controles, prácticamente sin cola. Se ve que hemos llegado a una buena hora. Con dos de antelación descansamos un rato en el aeropuerto hablando de las experiencias vividas, tanto en Senegal como en nuestras vidas. Subimos al avión pasando unos cuantos controles de seguridad más, y en el mismo esperamos un rato hasta que que todos laos africanos son chequeados y vueltos a registrar.

Tras dos horas y media de vuelo volvemos a pisar suelo conocido, termina nuestro primer viaje por Saint Louis, Tivaouane y Dakar, por la costa norte de Senegal. Volvemos cargados con todo el material, felices por percibir que la primera parte del trabajo está hecha, y pronto podremos ponernos a editar. Al fin y al cabo, para eso vinimos, y eso haremos. Todavía no tenemos el título del vídeo, pero lo que sí tendrá es un pedazo de nuestro corazón. Gracias Senegal, hasta pronto.